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11.6.08 _ Jornada
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Desperté tan erguido, tan lleno de buena soberbia, que no encontré nada más apropiado que pasar el día buscándote para robarte el beso que me contaste, el que mezquinamente ahorras hace meses.

Pasa que, cuando los plazos se alargan, la euforia por la meta se diluye. A veces incluso pasa que la meta deja de importar. Pero hoy no era el caso.

Hoy la meta siguió, sigue siendo lo único importante... fue la buena soberbia la que se me fue.

Y yo, desnudo sin ella, me aguanté todo un café conversado larguísimo.



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