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26.1.05 _ Retrato
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El hombre de los nobles ideales baja la mirada. Se pregunta -temiendo de todo corazón arruinar la buena disposición de alguno de los comensales-, cuántos meses le faltan a la mujer embarazada, de qué están operando al tío de la que llora y en qué trabaja el señor que llegó con botas empantanadas.

A cada pregunta no le sigue nada. Calla, porque tal vez sea indelicado hablar de estas cosas en la mesa. Pero a cada silencio acumulado le sigue otra pregunta, de modo que ya es imposible empezar a desanudar el embrollo; resultaría sumamente desagradable que tengan que soportar durante cuarenta minutos las indiscreciones de un solo sujeto, preguntando banalidades y demostrando que -es el único que-, no sabe nada de esta gente que es su familia.


Lleno de buena voluntad, con un sincero sentimiento de respeto profundo hacia aquellas gentes, termina su vaso de agua y se disculpa porque tiene que salir.


En la calle puede respirar mejor y caminar tranquilo. Se sienta en cualquier tienda, pide un café y se permite preguntarle a la dueña por su salud, con la serena despreocupación de quien no tiene que estar enterado de los procesos continuamente cambiantes de dicha salud. Piensa: “El problema es que la familia supone que uno tiene que saber tantas cosas”, “bien, gracias”, le contestan de pronto y sonríe al verificar que no le importa, y que aquí, mientras pague su café, estará bien.


Y obviamente, mirando la insondable oscuridad en su taza, cuestiona como un místico filósofo las cuestiones de la vida social y su vanidad. El absurdo, la cizaña, los chismes y la autocompasión que decoran estas escenas de mesa, pecaditos no capitales que hacen la delicia de las tardes familiares.

Sonríe de nuevo: si alguien le leyera el pensamiento lo mandaría indignado a buscarse una mujer (pero si alguien pudiera leerle el pensamiento sería precisamente ella, y ya lo hizo).

2 comentarios:

  • Pero, carajo, el Chorizo siempre estuvo dispuesto a un relato semejante ¬¬!!!!

    De Blogger Laleft, A las 28.1.05  

  • Solo queda saber cuál...
    el II?
    el III?
    o el Chorizo que todos somos, que todos llevamos dentro, esa variedad infinita de posiblidades que conocemos, a medias entre todos, y a medias cada uno?

    De Blogger Webstudio, A las 2.2.05  

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